Testimonio Lita

LA HISTORIA

Un parto traumático, terrible, mi niño nació de nalgas y todo lo que pasamos fue casi demencial, pero ambos sobrevivimos.
Vinieron los momentos de amor y alegría, éramos muy jóvenes, llenos de vida y nuestro hijo lo era todo, tuvimos mil cuidados porque la situación lo ameritaba, pero seguimos adelante y mirando siempre hacia el futuro. Algunos indicios especiales se manifestaban pero en ese momento no tenían ningún significado, a los diez días del nacimiento de Juan Diego me quedé sin leche.
aún sin darme cuenta de la magnitud de mi parto, llamé al médico para consultar acerca de lo que me estaba ocurriendo y me dijo:
– “Eso es común, son nervios”, en un tono indiferente.

La leche nunca volvió, recurrí a los complementos y todo siguió.
La vida continuaba, los períodos no eran muy normales, pero mi médico le restó importancia a lo que me estaba ocurriendo. Un día lo resolví y decidí cambiar de médico, pedí hora, el nuevo doctor estaba de viaje pero agendé una cita para su vuelta convencida de que nuevamente estaba embarazada y que tal vez no había ningún apuro para verlo.

EL HECHO

Sala de espera, me va a ver un médico general, mi nuevo ginecólogo recién estaba de vuelta y yo lo vería en unos días. Paso al consultorio, me pregunta:
– “¿Qué problema tiene?”.
Le cuento lo que me ocurrió en la mañana donde me encontré un bulto en un seno y me revisa.
– “Quiero que la vea el Dr. Garcia Capurro, que en breve empieza su consulta, así que por favor vuelva a la sala de espera”, me dijo el doctor.
Salgo, miro a mi hermana y le digo:
– “Esto no me gusta mucho, quiere que me vea otro médico ahora.”
A los pocos minutos me llaman, entro; era un médico viejo, poco simpático, de pocas palabras y me dice:
– “Desvístase que la voy a revisar.”
Se lo ví en la cara, supe que algo grave estaba pasando, no sé qué me dijo, solo sé que salí con una orden de internación para la mañana siguiente. Entré en un torbellino de inconciencia, no sabía dónde estaba parada, me sentía perdida.

Volvimos a la casa de mamá, al rato llego Diego (mi marido) de Buenos Aires mañana me operan de un bulto que tengo en un seno, dije. Veo sorpresa e incredibilidad y me dijo: “vamos a comer algo, demos una vuelta.” Voy en busca de un abrigo y cuando salgo del estar, escucho la voz de Diego preguntando a Raquel “¿Lita tiene cáncer?”. AHÍ LO SUPE, AHÍ LO VI Y TUVE MIEDO

Un día después me operaron, previamente a que me llevaran a la sala de operaciones mi nuevo ginecólogo vino a verme, yo lo había pedido, le comenté de mis temores acerca de mi posible embarazo a lo que él respondió que estaría presente durante mi intervención y que después hablaríamos del tema.

Me desperté horas después muy dolorida y totalmente atontada, no tenía idea de la magnitud de lo que había pasado, ni de lo que significaba, de lo que se avecinaba y entre los calmantes y la borrachera, los días iban pasando y lentamente los dolores disminuían. Yo no me veía, estaba toda tapada de vendajes, tenía inmovilizado mi brazo derecho pero nada tenía sentido, estaba totalmente fuera de mí, de todo lo que ocurría a mi alrededor. Venía mucha gente a verme, familia, amigos, conocidos de todos y alguna amiga con la que sí pasaba buenos momentos porque hablábamos de cualquier cosa y era lo que yo más quería, hablar de nada. Alguna vez nos sorprendió el Dr. García Capurro, se puso hecho una hiena, enojadísimo y echó a las personas con las que yo quería estar. Me retó diciéndome que era una irresponsable después de todo lo que había pasado, no podía estar actuando como si no hubiera nada, a lo que contesté de mal modo; él se fue muy enojado. Tal vez él tenía razón….. pero yo no era consciente, el tiempo me demostraría que era realmente grave la situación y que todavía me restaba mucho por delante.
Pasaron los días, me dieron el alta, me fui a lo de mamá porque estaba realmente incapacitada y disminuida para encarar el rol de mamá, esposa, ama de casa, etc.

El día llegó, se me cayó la venda de los ojos y ahí pude verme por primera vez, enfrentarme a la verdad y darme cuenta que a partir de ese momento nada sería igual. Las cosas no volverían a ser como antes, en ese momento, recién en ese momento se empezaría a desarrollar la verdad de cómo era TODO, conocería el dolor, el miedo, el llanto desgarrador, ese que viene de las entrañas y sobre todo la incertidumbre del mañana. En un minuto me había convertido físicamente en una gran cicatriz espantosa que me recorría desde la axila hasta la mitad del torso, una mezcla de monstruito deformado y una cosa sin nombre. En ese momento yo no tenía consuelo, no sabía que hacer ya me habían sacado todo el vendaje; apenas llegué a mi casa, en el baño me desnudé y me paré frente al espejo. De mis entrañas brotó un gemido de dolor que aún no recuerdo que fuera mio, las piernas se me aflojaron y me fui dejando caer hasta convertirme en un ovillo y no podía dejar de gemir y llorar.

MI EXPERIENCIA

Despertar, hay un despertar repentino o todo se va dando de una manera secuencial, no lo sé.

Lo mío se fue dando de a poco, empecé a sentir cosas, a ver que no todo es rutina, no todo es como lo venía viviendo, haciendo, diciendo , actuando en muchas cosas pero…me pregunté: ¿Quién soy yo?, ¿Qué quiero?, ¿Cómo vivo?, ¿Qué siento?

De pronto un encuentro, una mañana, en un aeropuerto, un check in, una fila y sorpresivamente una cara me miraba sonriendo, un sacerdote allegado a la familia, que conocía todo lo que yo estaba viviendo, (mi reciente operación, mis consultas en el exterior, mi cáncer) se encontraba junto a mí. En pocos minutos empezamos una charla de la que nunca me olvidaré, tal vez la más importante de mi vida, la que me marcaría y acompañaría de ahí hasta… mi final cuando llegue.
Todo se fue dando de una manera increíble, el vuelo se atrasa, varios cafés en la espera, el compartir los asientos y otros cafés más a la llegada a Bs.As, donde yo iba por trabajo y él estaba destinado por varios años en una Parroquia. En ese momento me sentí en un estado de paz como nunca había vivido, estaba sumergida muy dentro de mi corazón, sintiéndome en un lugar totalmente desconocido, pero en ese momento real.

No sé de qué hablamos solo sé que sentía paz, paz, me sentía viva, todo me decía que estaba ahí, en un estado muy especial de conciencia , ahí estaba yo, viva y en paz.
De pronto la despedida… me puse a llorar, lo miré y dije:
– “¿Ahora que hago?
– “A partir de ahora tenés que vivir, vivir en ti” dijo amorosamente.
Algo se despertó en mí, en ese preciso instante supe que tenía que buscar eso que no conocía pero que sí existía, lo había vivido, lo había sentido y estaba dentro de mi corazón.
Empecé mi camino espiritual que aún continúo, que vivo, que conozco y que está acompañándome en cada instante de mi vida.

Es ésta mi experiencia, es éste mi aprendizaje y agradezco a Dios el haber pasado por todo lo vivido. Llegó mi despertar que me mostró el principio de mi misión en esta vida.

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